martes, 17 de julio de 2018

11 cosas que el Mad Cool Festival debería mirarse


Es probable que leas este artículo y te parezca exagerado, no viviste ni todas ni tantas experiencias negativas, cosa que tampoco niega que sucedieran ni que le escociera a los que tuvieron que zampárselas.
Musicalmente el festival ha sido muy provechoso, con sus decepciones, pero en general ha sido muy bueno. En lo que respecta a la organización y logística no tanto, y he aquí algunos aspectos a destacar que más vale a los organizadores corregir si no quieren volver cargarse lo que puede ser un gran festival de música en España y se han empeñado en no demostrarlo. 


LAS COLAS

Desde primera hora de la tarde el acceso al recinto fue muy complicado. Todo el público que asistía al evento y que viajó en metro, se topó con colas que duraron dos horas. No fue el mismo caso para las personas que viajamos en tren de cercanías hasta Valdebebas, hubo retenciones pero no fue el mismo caso ni de lejos, corrimos mejor suerte. Todos los que decidieron tomar el coche para asistir a una hora prudente con la que poder encontrar aparcamiento con comodidad, encontraron un atasco que les impidió ser puntuales con las bandas que actuaban en los primeros conciertos.



LAS PULSERAS

Un buen puñado de personas que habían comprado entradas para un solo día, dos o el abono para los tres días, no obtuvieron la pulsera que la organización enviaba a domicilio a tiempo. Debido a ello, la organización dispuso ya en el interior del recinto unas casetas para que pudieran recogerla presentando las entradas. Las colas para recoger estas pulseras eran largas en un terreno del recinto donde hacía un sol de justicia, sin ninguna infraestructura que hiciera sombra para rebajar el calor y protegerse del sol. También estas colas supuso para muchos no poder estar en las actuaciones de las primeras bandas.
El precio de los abonos adquiridos por internet incluía el coste del envío que Mad Cool hacía de la pulsera a domicilio. Es decir, pagaron por algo que no obtuvieron, y además de ello, tuvieron que hacer cola para obtenerla. 


PUNTOS DE AGUA

En el interior del recinto se dispuso un lugar con fuentes de agua de manera gratuita para que todo el mundo tuviera agua potable, algo que ya anunciaron días antes de que empezase el evento. Pero el abastecimiento se quedó corto si contamos con la alta cifra de asistentes cada día de conciertos: 80.000 personas. Las colas se alargaban, las esperas y las trifulcas quizás se habrían remediado de haber habilitado puntos de agua en repartidas en otras zonas y no solo en un único punto del mapa.


LAS BARRAS

Todo el mundo que asistió a Mad Cool pudo comprobar un tanto desesperado las largas colas y esperas para poder adquirir bebidas en las barras. Cierto es que eran numerosas y bastante repartidas por todo el recinto, sin embargo algo fallaba para que hubiera que esperar tanto. A pesar de su extensión, daba la sensación de que la cantidad de personal contratado para atender a la demanda se quedó corta. Quizás la organización se excedió en ahorrar presupuesto destinado a ello y lo pagamos.
A pesar de haber comprobado en conversaciones con otros asistentes y en comentarios en la redes, que las quejas se derivan un tanto en el personal no estaba cualificado, hay que ser conscientes de que las personas que trabajaban sirviendo bebidas no son responsables de la calidad del servicio ni del desbordamiento de la demanda en última instancia. Cuando todos estamos en pleno ocio musical y con una cantidad de alcohol ingerido en nuestros gaznates, la desesperación se acentúa viendo como pasan 20 o incluso 30 minutos hasta que consigues hacer que te atiendan para pedir un mini. Pero no podemos peder de vista que las personas detrás de la barras estaban visiblemente estresadas.

En un evento donde se espera a 80.000 asistentes por día, y viendo un claro problema en la demanda de bebidas, quizás un detalle tan simple como que hubiera personal únicamente dedicado a poner las bebidas en los vasos mientras que otros se dedicaran a servir en la barra, hubiera optimizado mucho mejor el servicio. Pero no funcionaba así: la misma persona del staff te cobraba y se encargaba de todo.


LOS VASOS

El segundo día de conciertos, comprobé como en una ocasión en que me acerqué a una barra para recargar bebida, me cambiaron el vaso. Los vasos de Mad Cool eran de PVC, un plástico más resistente que el los vasos de plástico comunes, pensado para reutilizarlos recargándolos (bien visto, se desperdicia mucho menos plástico), de ahí que cobrasen 1€ en la retirada de ellos. Estaban diseñados con una serigrafía especial del festival, pero como os contaba, me cambiaron el vaso por otro sin serigrafía alguna. Para mí no era un problema, sinceramente, así que no puse pegas.
El problema llegaría después, cuando al acercarme a una de las personas que trabajaba sirviendo cerveza con un depósito en la espalda, me advirtió que ese vaso no podía recargarlo (sí, el vaso sin serigrafía). El motivo era que lo tenía prohibido, el volumen cúbico de los vasos sin serigrafía no era el mismo que los vasos diseñados del resto del festival, y para no perder ni dinero en ventas (una diferencia de gotitas de cerveza minúscula) solo tenían permitido cargar los serigrafiados. Por algún motivo, deduzco que al festival se le acabaron los vasos y tuvieron que comprar más, pero diferentes: no con el mismo volumen cúbico. Ahora me encontraba con que el festival me había dado un vaso que no me recargaban, ni me lo cambiaban y solo me quedaba recurrir a la espera de las colas para las barras para pedir que me lo volviesen a cambiar.


LOS BAÑOS

Bastantes baños repartidos por el festival, sin demasiadas colas, solían ir bastante rápidas, apenas había que esperar. El punto negativo era que los días de mayor afluencia, viernes y sábado, a determinada hora de la noche ya se desbordaban y muchas personas (hablo de los urinarios masculinos) optaba por no usarlos, meaban directamente en las mamparas habilitadas para delimitar los baños. La consecuencia: aquello era un charco de meados pisaras por donde pisaras. Si no caminabas con lentitud, dar un paso sobre el césped artificial era garantía de salpicarte a ti mismo una dosis de aquella inundación. El civismo no es presumible precisamente por parte de los asistentes.





LOS PRECIOS

Precios de oro, lo de siempre. Minis a 9 y 10 eurazos. Cierto es que no es nuevo, y que los beneficios de las consumiciones son en defintiva las arcas con las que después se paga a los trabajadores del festival. Pero cuando piensas en el desembolso que has hecho por el abono, sientes bastante abusivo tener que ir al festival con otro fajo de billetes además del que ya soltaste. La conclusión: esto se convierte en eventos para gente que exclusivamente tiene el privilegio de pagárselo a un alto precio. Me niego a esto. Y por no hablar de vete a saber cuánto pagaban por hora a los camareros/as, que probablemente sea muy bajo.





MASSIVE ATTACK

Todos conocemos ya el chasco de Massive Attack. La banda canceló su actuación debido a una disconformidad con el acondicionamiento que la organización le había dispuesto. El sonido procedente del escenario donde actuaba Franz Ferdinand les molestaba. No es la primera vez que la banda cancela o amaga con hacerlo por el mismo motivo, ya ocurrió en el Low Festival cuando obligaron a la banda Corizonas a bajar el volumen de su actuación. El enfado hacia ellos se hizo muy extendido.
Por un lado, el enfado hacia la banda era evidente, la expectación era máxima. El publico estuvo esperándoles más de una hora, yo incluido allí metido, fue desesperante. La decepción aún mayor. Por otro, a pesar de los esfuerzos de la organización por negociar con ellos una solución que fue imposible, como cuenta El País, cabe pensar por qué el festival no tuvo en cuenta las pulcras exigencias (criticable o no) que la banda suele poner para sus actuaciones, sabiendo que estaban en un macrofestival con una hecatombe de watios por todas partes. Los asistentes al escenario The Loop estuvimos más de una hora sin noticias de nada. Si bien Mad Cool se defiende afirmando que hicieron lo que pudieron para hacerles salir hasta el final, también hay que señalar que nadie ni ningún mensaje apareció por ningún lado hasta al menos una hora y media después.


UBER

¿Que deciros de UBER? Anunciaban que todos los que acudieran con uno de sus VTC tendrían ventajas frente al resto de asistentes. Pero todo se redujo a una mentira. Decenas de usuarios mostraron su descontento con la compañía norteamericana y con el festival después de que la promesa del acceso exclusivo y sin aglomeraciones al recinto desaparecieran. Muchos de los usuarios que acudieron con uno de estos coches aseguran que tuvieron las mismas colas que el resto. A la salida del recinto, el precio que UBER cobraba por transportarte desde IFEMA al centro de la ciudad llegaba a 90€.






LANZADERA BUSES

La organización reforzó el número de autobuses que transportaba público hasta el recinto desde Plaza de Castilla, un lugar nada céntrico y poco cómodo para gente que ya viajaba en metro (¿para qué bajarse e ir a coger un bus con este calor?).
El transporte de vuelta a casa también se prestó un poco escaso. La Comunidad de Madrid habilitó la línea 8 de metro durante toda la noche, muy acertados. Pero la lanzadera de buses nocturnos desde el exterior se quedaba corta. Demasiada gente, y lo normal, largas colas. Buses que tan solo llegaban a tener paradas de nuevo en Plaza de Castilla y solo hasta Colón. Algo poco próximo para personas que tuvieran que volver a una parte más alejada de la ciudad. Era necesario coger taxis, es decir, más gasto.




ZONAS VIP

Josh Homme animó al público a que saltara las vallas que delimitaban el área reservada delante del escenario durante su actuación la actuación de Queens of Stone Age. Cabe decir, que a pesar de ser un acto de rebeldía bastante apetitoso, quizás fuera algo imprudente invitar a la invasión de la zona a determinada hora de la tardenoche, ya que la seguridad pudo haber visto en un verdadero apuro.
La parcelación del área en los recintos de festivales para bolsillos mejor dispuestos que otros genera situaciones como la que irritaron a Homme, el área vip estaba desangelada. Esta tendencia a segregar al público según sus bolsillos establece un modo privilegiar, es decir, beneficiar a aquellos espectadores con mejor situación económica que puedan permitirse pagar el privilegio. Yo lo veo claramente una forma de desclasar a la público, y fiel a mis principios éticos, no me parece ético. Aumentarán y estirarán los precios VIP cada vez más hacia arriba hasta ver cuanto está dispuesta la gente a pagar, para que cuando el precio sea locamente elevado, suban el precio de la entrada general. 







No podemos permitirnos mirar los defectos como su fueran meros errores. Muchísimos de los asistentes han desembolsado un dineral por una apuesta musical de tres días, sacrificando sus sueldos bajos, en la entrada, en el viaje en coche, tren, bus y avión desde otras partes del país e incluso el extranjero. El sablazo de toda esa cadena de gastos que surgen alrededor del festival se reciben como una estafa, y no como inocentes errores dada la capacidad y la responsabilidad de organizadores que supuestamente ya tienen experiencia en esta y otras ediciones. 

La ambición de forrarse debe estar compensada con un compromiso competente hacia la gente que está pagando con sacrificio para permitirse una ocasión única de ocio. 


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